
Con palabras nuevas como caracterización en vez de conversación, conversación e intenciones y afirmaciones y evaluaciones que reemplazan a lo que llamabamos juicios livianos, he aceptado este nuevo esquema. En mi desarrollo profesional dejé hace rato los modelos rígidos de comunicación y comencé a explorar uno propio para generar comunicación efectiva. En efecto hay coincidencias importantes que me dejan contento pues sin haberlo socializado lo encuentro sistematizado en otras palabras.
En términos simples se trata de que la comunicación es siempre intencional y el instrumento clave es la conversación. No hay conversación sin una fuerza que incite al otro a aceptar o rechazar, es en definitiva la intencionalidad la que prima. Para mi modelo esto es el buscar y compartir campos de experiencia común con el otro para que la intención tenga éxito. Nosotros compartimos valores, emociones, espectativas, fracasos, éxitos, espiritualidad, vivencias, trancas y otras cosas a cada momento. En este modelo tanto el que habla como el que escucha se sintonizan de acuerdo a la atmósfera que en ese momento se crea para el tipo de comunicación. Por ello que tenemos conversaciones para la acción y para posibilidades, caracterizaciones típicas y afirmaciones y evaluaciones. En la medida que los campos de experiencia común se van ampliando en la conversación es posible aumentar el éxito de la intencionalidad.
Para que todo esto tenga efectivamente un buen resultado es importante que exista conocimiento, investigación y un profundo sentido de tolerancia. Hay que conocer y no afirmar livianamente. Hay que autoevaluarse constantemente en las acciones cotidianas.
La chaucha mía es lo que señalé anteriormente y mi sensación térmica es que con la aplicación de esta forma de comunicación me ha sido más fácil poner en común el mensaje que entrego.